Observaba el gesto de Nadal en al ceremonia de premiación de Roland Garrós. Las palabras preliminares dejaban ver la ilusión de Federer de obtener el anciado trofeo del único grand slam que aún no consigue en la trayectoria impecable de su tenis.
Por otro lado, las palabras de Nadal dejaban entre ver lo importante del enfrentamiento con Federer, y con cierto dejo de humildad decía cómo era un honor enfrentarse a este contrincante que es todo un caballero.
Rafael fue una aplanadora en el partido. Algo que pocos imaginaban con la rapidez y efectividad en su juego. Está indiscutida su soberanía en las canchas de polvo de ladrillo y verdaderamente fue una sorpresa su consagración sobre hierba. Me preparé para verlo festejar sin contención al sacarle el trono al lejendario Borg. Pero el festejo desmesurado nunca llegó. Finalizó el punto de partido con un error no forzado de Federer, seguido de un festejo contenido, escueto, sin exabruptos. ¿Qué?, ¿será que la actitud de Rafael lo llevaría a la arrogancia de no festejar esta consagración? Mi primera impresión fue esa, pero al escuchar las palabras de Nadal en la ceremonia de premiación cambió totalmente.
Sus palabras fueron de elojio a Roger. Relució el hecho de que Federer se merecía por trayectoria ese título. Lamentó que él fuera el encargado de hechar por tierra aquel sueño inconcluso. Palabras de un amigo, más que de un contrincante. Dos amigos que se enfrentan y expresan sus mejores deseos para el otro.
Y mientras veía levantar la anciada copa, pensaba en cómo todo un estadio incluyendo a Rafael direccionaban el festejo a aquel partener de juego que merecía y se le atribuía el reconocimiento.
Mi mente se traslada a aquel momento cuando las coronas de los justos sean hechadas a los pies de Cristo. ¡Qué momento para celebrar! ¡al fin habrán conquistado la inmortalidad y la felicidad eterna! Pero aquel momento no será para celebrar un triunfo personal. Con toda razón el reconocimiento del triunfo será para nuestro amigo divino. El hecho de la victoria no se deberá exclusivamente a los redimidos, sino a Aquél que hizo todo para que los justos reciban la corona de la vida.
La relación de amistad con Jesús será tal que no habrá lugar para celebrar victorias personales; en aquel momento irrepetible en la historia del universo, toda la creación será testigo de la alabanza proveniente de toda lengua; cuando las rodillas se flexionen y todos los santos se inclinen delante del que hizo todo para que ellos sean victoriosos. El reconocimiento al Cordero inmolado será el expectáculo más impresionante y conmovedor jamás visto. Mi corona a los pies de Cristo; gracias porque he ganado gracias a él.
Archivado bajo: deporte, ilustraciones | Etiquetado: Cristo, federer, meritos, nadal, roland garros, tennis, victoria | Deja un Comentario »